A lo lejos el sol comienza a salir, el horizonte se tiñe de tonalidades de rojo y naranja, es un nuevo comienzo para el día, y un nuevo comienzo para nosotros. Nos alejamos lentamente, abandonamos esas tierras que nos vieron nacer, buscando un nuevo hogar… Donde los lazos de familia no puedan alcanzarnos.
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jueves, 25 de septiembre de 2014

Fracture Tercera Parte

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Titulo: Fracture
Rating: NC17
Genero: Romance
Parejas: Yunho x Jaejoong
Advertencias: Violencia, Alto Contenido sexual
Sumario
La vida se pintaba negra así que tal vez y solo tal vez ese color se borraría un poco luego de aquella noche. 
O se oscurecería aún más... 
Era el momento de dejar de ser un idiota inmaculado. 
"Vas a Arrepentirte Yunho" 






"Fracture Tercera Parte"










“¿Vas a hablarme? Deja de parecer un niño Jaejoong.”

“Dime que se siente traicionar a la persona que salvó a tu único hijo de ser violado y difundido por todos los sitios pornográficos. ¡Eso iba a suceder si él no llegaba Padre!”

“¡Lo se! Pero Jaejoong... Si ese maldito muere Yunho irá a prisión. Estoy tan agradecido de que me hubiera informado sobre lo que estaba pasando pero la policía iba en camino. ¡El tendría que haberse quedado apartado de esto maldición! ¡Casi mató a una persona!”

“¡Mientes! Nunca lo quisiste, nadie piensa en él... ¡Ni siquiera sus Padres maldita sea! ¡Jamás van a entender lo que nos está sucediendo!”

“No hay nada que entender... Su amistad es muy fuerte, lo se. Pero me temo que esta vez no podremos hacer nada por él...”

“!¿Amistad?! ¿Estás escuchándote Padre?! Hace años te diste cuenta de que lo amo, que estoy totalmente enfermo de él. ¿Y sabes qué? ¡También me ama! Lo sentí. Ahora no hay nada que pueda separarnos y tu le ayudarás. ¿Verdad?” La desazón emitió a su semblante un ardor fecundo que elevó triunfante la corona de sus orbes centelleantes y casi cubiertos por la humedad de tristeza. Él lo sabía hace mucho tiempo pero mi verdad que se extendió del ocaso oriente le apuñaló por la espalda.

“Eres joven, no sabes lo que dices.” Una expresión ardorosa, vehemente y profunda que me llenó de penalidades.

“Mírame...” Me aferré a su rostro como un rey ingrato de memoria impura suplicando entendimiento porque sus pedazos parecían caerse al suelo. Él era un niño lastimado entre mis dedos remotos. “Di que me ayudarás... Protégelo. Tienes un cargo poderoso. Ayúdale a escapar. Pero antes...” Mis labios estaban tan cansados de suplicar que también pude notar rasgando el velo de la edad y el cansancio en su rostro. “Dime donde lo tienes escondido...” Desde el incidente no me dejaban verlo, no tenía datos de su paradero y eso, me estaba matando en vida. Padre miró resignado, con crímenes de sangre, asolación y ruinas sobre sus hombros. Esos que yo mismo estaba creando en su memoria.

“Te criamos con tanto amor Jae, tu lo eres todo para mí.” Sus brazos no querían soltarme transmitiendo esa sensación impura, acechadora. De que en el fondo, no me sentí culpable en absoluto de todo el dolor que causaba a mi paso. En mi mente solo un hombre se perfilaba y  era mi única ley. “Por eso no te quiero cerca de él. Comprobaste con tus propios ojos lo que es capaz de hacer.” Que desceñida era su excusa.

“¿Crees que mis sentimientos son tan débiles que se asustarán por ello? Siempre fue mi sombra, el que me protegió y quien quería separar sus sentimientos por los mismos temores que tu guardas. ¡Estoy harto! ¡Déjenme elegir y juzgar a mi!” El temblor de mi cuerpo le asustó y por ello Padre nunca dejó de sostenerme derramando la aurora de nuestros temores.

“Tranquilo... No te alteres, tienes que calmarte.” A pesar de todo tenía a los padres mas cariñosos del mundo, Si Mamá estuviera presente lloraría sangre mientras dejase un beso trémulo en mi rostro de doncella. Yo era vil y desconsiderado.

“Dime lo que hiciste con él. Dímelo. Es la única manera de que pueda dejar de estar hundiéndome en este dolor.” Me templaba un mar de furia procelosa y antipática al sentirle lejos de mi.

“Tienes que saber que lo alejaré de ti...” Un puñal me atravesó lentamente y sus palabras no fueron como una flor naciente del seno. Eran un ingrato néctar farfullado en mis espasmos. “El ya no puede deambular por la cuidad después de lo sucedido. Sus padres están de acuerdo conmigo. No ira a prisión Jaejoong... Pero tampoco se quedará aquí.” Inconscientemente me alejé de sus manos comenzando a caminar de lado a lado como un loco pavoroso, ocultando los nervios que me produjo la noticia aunque ya lo hubiera sospechado.

“Le seguiré. ¡Aunque me lo impidas voy a seguirle!.” Una mirada fiera que destruyó la humildad de sus pies al borde de la derrota.

“¿Abandonarás todo lo que construiste solo por él? No nos hagas esto...” Y sus desalineados ojos temblaron en la penumbra al saberse perdedor. Él ni nadie podría hacerme cambiar de parecer y en el silencio, mi Padre se lamentaba.

Pobrecito, tan viejo y encantador. Sufriendo la perdida. No vio mi muerte, sin embargo de igual modo me apartaría a causa de mi amor ciego y postergado.

“Primero déjame verlo...” Me acerqué hasta reconfortarlo. Ese pequeño beso en su mejilla trató de decirle lo mucho que le amaba, también transmitiendo mi cielo lleno de terquedad al expresarle que por ser tan bueno conmigo, yo me sentía ruin e infeliz.. “Sabes que a pesar de todo ustedes siempre serán mis padres. Ahora mírame... siento un súbito hoyo en mi cuerpo por su ausencia. Él es mi verdadera naturaleza.” Me devolvió aquel sublime abrazo junto con una caricia  que heló mi cuerpo con una moral de desmayo. Como si dijera que en verdad aceptaba mi extremo amor incondicional hacia Yunho.

“Nos estás haciendo tanto daño... Y a ti mismo.” Suspiró castigándome.

“¿Y él? Toda la vida sufrió por sus impulsos. Que tus propia familia crea que eres un maldito psicópata bueno para nada, agresivo, subnormal. ¿Alguna vez sentiste la mirada especuladora de toda una universidad inventando rumores inexistentes? En todos nuestros años juntos jamas tocó uno de mis cabellos por pensar que soy demasiado perfecto para él... ¿Puedes creerlo Padre? ¡Él es mi único anhelo en esta vida!.” Trágico. Aún después de todo eso, al ver mis lagrimas caer en la divina diestra con gozo perverso me reconfortó plácidamente.

El supo que el único loco era yo...

Le permití acariciarme la espalda esperando esa respuesta ansiosa presente ante el hecho de saber que necesitaba convencer a muchas personas sobre los motivos verdaderos en mi corazón.

Incluso a Jung Yunho.

El silencio profanó, como si un trueno perturbara la juventud demente, esa estreches tornasolada sombría; Padre temblaba no queriendo liberar esas silabas y allí fue cuando lúgubre, entendí lo que era el celo paternal. Kim JaeSuk estaba totalmente celoso de ese joven que desde el momento en que apareció se robó el corazón de ese hijo al que cuidó con tanta dedicación y esmero.

Tanto Yunho como yo, eramos dos demonios perdidos en un cielo transparente y terso.

“No le odies. Es momento de tomar aquello que siempre quise... Una vida junto a él.” Delicadamente nos separamos. Vi millones de imágenes nostálgicas desfilar frente de mis ojos, desde mis primeros pasos, hasta mi graduación. Desde una corrida en bicicleta, hasta un problema de matemáticas inentendible.

Todo aquello, en un fulminar de tiempo.

“¿En qué momento creciste tanto?.” Sonreí por lo módico. Sus pulgares me acariciaron corriendo los cabellos de mi frente dejándome escuchar ese suspiro ansiado de sus labios.

“Voy a llevarte con él...” La inmensa sonrisa le contestó y solo faltaron unos minutos para que nos encontráramos en el automóvil.

Mi corazón contenía su brioso aliento en la altiva puerta de esa espera que terminaba al fin.









Toc... Toc... Toc...

Los nudillos  se me agrietaron al golpear esa puerta...

Toc... Toc...

Y mi corazón corrió mientras la expectativa permanecía latente.

Pensé en el trayecto hacia este lugar que originó una sensación nauseabunda en mi estómago maltratado por los últimos tiempos. No cabía en mi cabeza que le tuvieran escondido en este sitio tan bajo simulando un sacro concurso en tardo movimiento manchado.

A medida que nos acercábamos Padre trató de explicar que usó todos sus contactos para que no le detuvieran al instante, sin embargo, la ultima alternativa si DoHyun moría era enviarlo fuera del país, ocultarlo, alejarlo de mí.

Era eso o la cárcel.

Y pensé que mi amante cobardía destruyó el alma pura y galana de Yunho.

Acaso... ¿Era necesario esconderlo en este lugar de mala muerte?

Ante mi mirada desconcertada, Padre se justificó diciendo que era necesario.

No le creí en absoluto.

“¿Quién es?.” Dios mío... Sentir su voz a través de la lejanía despertó mi alma conmovida. La noté apagada, dubitativa, como castigada por el tiempo y la consumición. Esa voz que nunca le oí salir de dicha manera penosa. ¿Querrá verme? En definitiva soy el único que le hundió en este lugar marginado.

“Soy... Soy yo...” Apenas audible como un susurro delincuente. Avergonzado de sentirme con derechos de reclamar dolores fecundados en abril. Rogarle con esos dulces amores que turbaron nuestros lazos.

Todo ese malestar me hizo temblar al saberle tan cerca, de tras de una inmunda puerta oxidada como una tristeza caminante pensando en que tal vez, nadie, ni siquiera yo, le acogió en las quejas asfixiantes. Pero como una ráfaga de viento la puerta se abrió acosando mi prevención y fue un segundo milagroso en que mis ojos aguados y arrepentidos se encontraron con su mirada dulce, bondadosa, plácida...

Esos ojos que tanto amaba...

Aún sí Yunho parecíó ido y descuidado, su belleza cautivó nuevamente mi alma como la primera vez, tantos días sin verlo acrecentaron el enamoramiento como un escondido manantial que murmuró en mis oídos con desdén y secaba mi boca. Una culposa mueca talló ese valor que sentí minutos antes como una triste burla que con recelo besó mis escalofríos y mi culpa.

Me entendió, sabía todo de mí, por eso tiró mi cuerpo hasta el interior de ese lugar donde pagaba la condena por nuestro sacrilegio. El candor de sus brazos trajo todo el recuerdo efímero que me llenó de piedad a mí mismo por dudar de sus emociones.

Me estrujó con fuerza avasallante y aún así su calor no bastaba para curarme, necesitaba fundirme con su cuerpo y sentirme vivo otra vez.

¿Tanto me extrañaste?

¿Tan importante soy para ti?

¿Qué es Kim Jaejoong para tu vida?

Cuéntamelo todo...

“Estas aquí...” La brisa de su respiración acarició mis oídos eliminando la amargura con lozanía esplendorosa. Esas manos que estrujaban mis huesos eran tan calientes que quería derretirme en ellas regalándome como rocío.  “Solo dime como te encuentras...” ¡Oh! Me sentí devil, tan desubicado ante su calidez que las ganas de llorar surgían por sí solas sin consuelo; ese hombre a pesar de todo siguió preocupándose por mí, aterrándome hasta el infinito el hecho de saber que con su alma desprendida, aguardaria mi paradero revistiéndome con su encanto.

Me entregué por completo a sus caricias aferrándome a su piel  serena.

“No sabía donde te tenían escondido... ¡Esto es tan injusto!.” Mis manos comenzaron a acariciarlo en su amplitud porque nos necesitábamos de la misma forma. “sentí tanto miedo Yunho... Quería verte... Necesitaba verte...” Esa caricia no quiso morir, yo podía estar abrazado a él durante horas y al separarme seguiría sintiendo el indiscutible susurro vanidoso de mi interior. Tantas cosas inexplicables asomaron en mi cabeza pero no era momento de remordimientos. Yo le sanaría con mi amor gigante y egoísta.

“Estoy bien...” Rodé mis ojos sin poder fijarme en los suyos, temiendo encontrar algún reproche que pudiera opacar mis confesiones. Sus dedos suaves recogieron mi rostro del páramo para fundir nuestras miradas en un movimiento limpio y confortable. No terminé de comprender pero noté una graciosa felicidad en sus pequeños ojos de gato vagabundo.

Estaba esperándome. Nunca perdió la esperanza de que le encontraría.

Y en ese mágico momento nos encontramos con una escena vivida anteriormente; mi espalda contra la puerta áspera, ambas miradas conectadas en una ilusión, su boca respirando parsimoniosa sobre mis labios  y el silencio rodeando nuestros cuerpos mientras formulaban susurros anhelantes por una caricia.

El desenlace sería diferente a lo vivido en ese callejón. Me encargaría de ello.

Nervioso mis ojos cayeron en el lugar, diferente a lo antes temido, ese departamento no era para nada lo que por fuera aparentaba. Todo se encontró limpio y reducido. Era confortable aunque supuse que en todos estos días separados esas paredes le asfixiaron en su estrechez.

Yunho era un hombre libre, y ese lugar seguía pareciendo una prisión espeluznante.

Sentí como sus pulgares perfilaron silenciosos mis labios de rubí arrullándolos con premura, su tacto exquisito me llenaba de calma y placer absoluto, como una noche serena en la que las historias angustiosas de los amantes perdidos se endulzaban entre la oscuridad armoniosa. Ese tacto se extendió hasta mis mejillas, el contorno de mi rostro, perfumándome cada invisible cabello que pudiera nacer de mi piel acalorada; me perdí en sus ojos majestuosos que me idolatraron. Transmitiendo que todo estaría bien. Lo único emportante era estar frente al otro.

Me estremecí.

“Esto es mi culpa... Estaba tan perdido sin ti, tu me besaste y lo escondiste... Insinuaste lo que siempre quise escuchar para luego enterrarlo. ¡Me volví loco Yunho!.” Las lágrimas tuvieron ganas de enjugar mis pretensiones pero no las dejé. Esa noche solamente lloraría de placer bajo su cuerpo majestuoso. El se perdió con el movimiento de mis labios, casi fantaseando con ellos, haciendo que su melancólico ruido lleno de excusas pasaran desapercibidos para sus oídos enjaulados. Y eso le quitó fuerzas a mis manos que no deseaban seguir conteniéndose. “Deja de mirarme así...” Casi supliqué. Su pulgar vagó sobre mi labio inferior rozando la piel y alterando los temblores de mi cuerpo, la respiración lejos de poder calmarse hizo que el aire saliera con dificultad ante su cercanía.

Las sombras a nuestro alrededor se agitaron.

“¿Qué debo hacer Jaejoong?.” Me preguntó, pero de inmediato su acercamiento formuló la respuesta. Cada movimiento era tan esperado que surgía como un manso río de aguas retratadas y sus avellanados ojos que descendieron a mis labios me dijeron como el canto del ruiseñor que allí no había arrepentimiento.

Que ambos nos fundiríamos en el pértigo de plata. En ese placer tan ansiado.

“Dime... ¿Qué es lo que quieres hacer?.” Le enfrenté consciente de los movimientos de sus dedos en mis cabellos al acariciarlos sin retorno. Como si no le importara nada más.

“Besarte...” Mis pestañas se cerraron generosas tragando con un lánguido sonido, en silencio, respirando en una plácida calma mientras nuestros murmullos morían con las miradas penetrantes y abusivas.

“Por favor, solo hazlo...” Las emociones en velo formaron metales en el aire cuando como una pluma, nuestros labios se tocaron endulzando con un bálsamo mi amargura expectante. Mi boca que lejos de esos labios no era de ámbar y de mieles.

Oh mi amor... Por fin puedo probarte sin la brutalidad del destino acechándome.

Y todo se esclareció como el cielo en primavera obligándome a corresponder ese beso que supo a pecado y gloria, allí donde de fundió una vida de espera agobiante.

Su lengua, parecida a una concha o un coral de nácar, delineó mis labios de manera prodigiosa haciéndome ver estéril en materia romántica. Luché por el dominio agarrándome de su cuerpo, profundizando esa húmeda cercanía y perdiéndome en su pasión avasallante.

¡Pero que dulces eran sus labios!

Introduje mi lengua en su boca buscando todo lo que pudiera encontrar y descontrolándome de tal modo que aquello ya no pareció un beso sano, era como un acantilado de fervor y anhelo, tan caliente que me hizo ver las estrellas. Juntos, boca con boca, comiéndonos con dicha, provocando con escuetos sonidos la completa tortura de placer y cantares. Yunho reclamó mi cintura acercándome a él con fuerza, sintiendo la sangre fluir escandalosa por nuestras venas mientras la fortuna inundaba la habitación con gemidos.

Un instante me separó solo para retratar mis mejillas rojas en sus ojos bestiarios y mis tiernos quejidos en sus oídos corridos para acorralarme otra vez y penetrar en mi bruma de una manera enloquecedora.

Si esta pasión fuese digna de castigo, sin duda alguna elegiría el infierno de sombras macilentas.

“Ah... mhh...” Gemí relajado con las sensaciones a tope. Él era todo lo que esperé y mucho más. Me tenía atrapado como un astro bello precursor del día. Totalmente dependiente. Sepultado bajo su calor desquiciador. Tanto mi boca como la suya dolían pero la presión de nuestros dientes y lenguas siguieron devorándose con fuerza innoble, germinando imágenes de lo que podía pasar en esa pequeña habitación impregnada del aroma a hombre y sexo que Yunho despedía.

Relamí con goce la saliva saliente por nuestras pieles, mostrándole como una fiera recelosa, lo que esperaba de él.

“Mierda...” Escuché susurrar con la respiración agitada. Pareció una maratón, dejándonos acalorados, transpirados, hambrientos de más... Toqué su pecho comprobando como su corazón latía tan fuerte como el mío.

“Dime lo que esto significa...” Quería besos, sus manos sobre mis curvas y su calor fundiéndome, pero más que nada, también necesitaba respuestas y confesiones de su boca de caramelo.

“Significa que me equivoqué. Nunca gané nada apartándome de ti.” No pude quitar mis ojos de los suyos, sinceros como una llama oscilante, cuando dejó un pequeño y significativo beso en mi mejilla  inocente. “Que en un santiamén pueden arrebatarte de mis manos y llevarse lo que queda de mi humanidad. Ya no seré un cobarde Jaejoong... Te marcaré y serás mío para siempre...” Todas y cada una de sus palabras acrecentaron el deseo en un calambre nocivo y especulador. Él era tan caliente que no pude evitar excitarme aún más.

Tómame y que mis gritos aparcados se fundan con la lira de tus hambrunas.

“Hazlo... Házmelo. Necesito que me marques ahora...” Lamí su boca cerrada, degustando los rastros de saliva dulce que me perdían en la promiscuidad . Rogando, pidiendo, suplicando. Amasando con mis dedos lujuriosos toda la piel expuesta que pude encontrar y mostrándome como un enfermo de fiebre amarilla.  “Siempre te quise para mí...” Mi lengua en su mejilla. “Que me toques...” Mi lengua en su boca. “Que me desvirgues...” Ese murmullo perverso en sus oídos.

Su cuerpo se descontroló aprisionándome contra la puerta, fundiendo la calentura en una hoguera de pasión.

“Te arrepentirás...” ¿Arrepentirme? ¡No me hagas reír! No faltó más para que comenzáramos a luchar por el dominio, con el dolor punzante en mis labios ultrajados por su lengua y sus mordidas que chocaban en mi cavidad. Un dolor tan hermosamente infinito que deseé que las lastimaduras abiertas en mis labios sangraran en la eternidad del fulgor reluciente.

Chocó su cuerpo contra el mío haciendo notar la dureza entre sus piernas, enorme, rígida, apetecible... ¡Ah! Está sucediendo. Realmente va a marcarme. Con la furia de un animal mis manos agarraron los extremos de la pálida camisa rasgándola con prisa, llenándome con el sonido de los botones caer muertos en el suelo a nuestros pies.

¿Qué sonido haría mi piel al ser penetrada por ese pedazo de carne erguida? Cerré los ojos agobiado mordiendo el interior de mi mejilla.  Navegando en el deseo al contemplar el pecho desnudo de Yunho. Tanto tiempo ansiando y ahora era mio, haría con su cuerpo lo que me placiera ya que sabía que su corazón y su deseo estaban en mis manos.

“Eres... Perfecto.” Murmuré sin separar mis ojos cubiertos de hazaña de los músculos de su torso, trazando con las yemas de mis dedos un camino fluvial y bardo ante su penetrante expresión. Temblé entre espasmos llegando a su vientre plano y trabajado. Apetitoso como el néctar de su goce. ¡Por todos los cielos! Explotaría sólo con mirarle. Me relamí insinuante al imaginarme cabalgando en su vientre. El deseo escapó con osadía de sus pupilas dilatadas.

“¿Y tu?  ¿Viste tu rostro en un espejo?.” Me tomó desprevenido con esa voz clara que a pesar la excitación se atrevió a revelar sus analogías superfluas.  “Tu piel es tan bonita que me llena de turbulencias y quiero mancharla... Tengo deseos de penetrar en tu boca tantas veces hasta que tu saliva y tus labios se fundan con el gusto de mi sexo...” Maldito bastardo... Formuló aquello con tanta pasividad y control que haría que me corriera solo con sus sucias palabras.

“Yunho... Por favor....” Cerré los ojos al agitarme; los suyos permanecieron clavados en mi boca relamiéndose con descaro hasta eliminar la distancia de nuestros estómagos en un toque que se llevó mis súplicas.

“Voy a ensuciarte...” Sus palabras me mareaban. Abrí la boca acercándola a la piel de su cuello y sin perder tiempo mi lengua caliente vagó por la longitud orillándole a ceder, obteniendo gimoteos a medida que se refregaba contra mi pelvis, provocando una ficción adictiva que aliviaba nuestras durezas impetuosas y corrosivas. Degusté su piel lamiendo cada rincón hasta dejar moretones, mis dientes provocaron rumores al clavarse en su cuello trigueño que brilló junto con mi saliva. Solo me detuve cuando su boca encontró la mía golpeándola con su lengua deseosa, compartiendo un beso acalorado y exquisito que casi me obligó a eyacular entre mis pantalones.

Quitó su camisa dejándome ver sus hombros varoniles, su piel tostada. Siempre le observé jugando al fútbol o en las duchas pero esta situación era diferente; Yo podía tocarlo, lamerlo, revolcarme en él. Su cuerpo ahora me pertenecía.

“Llévame a la cama...” Suspiré hasta que su boca se acopló con la mía guiando mi cuerpo por un camino extraño, me aferré con fuerza dejando mi destino en sus manos, confiaba en ese hombre plenamente.

Trastabillamos juntos al abrir una puerta a mis espaldas pero sus brazos de leñador, con orgullo y aspereza, me sostuvieron como algo preciado, con la docilidad de un pequeño colibrí bebiendo del jugo de su flor preferida.

¡Qué enamorados estábamos!

No podía apartar mis ojos de su sonrisa al depositarme en la cama descuidada y pequeña, con su cobertor suave pero frío, con la opacidad que reviviríamos junto con los gritos de placer y la fricción de nuestras piernas enrollándose en la banalidad del sexo rudo.

¿En éstas noches de soledad también pensaste en mí?

Al ver sus puños lastimados, entendí algo de lo que sufrió en ese silencio violento. Tomé sus manos para besarle los nudillos. Rogándole confesar esos penares.

“La violencia me contamina...” Lentamente se acercó reduciendo la distancia, me vi reflejado en sus ojos brillantes cayendo en cuenta de que ese ser dominado por el descontrol me excitaba acrecentando fantasías. Por enésima vez sentí celos de aquello que pudiera calmar su ira. Solo deseaba que al golpear mi cuerpo con su intimidad pudiera liberarse de esa agresividad que le persiguió desde pequeño.

Quería convertirme en la cura de su frustración.

“No tienes que decirlo, se muy bien lo que sientes...” Le dije al acariciar con mis dedos ligeros sus cabellos, sus mejillas y sus labios.

“Pero luego te imaginaba y la ira desaparecía, porque cuando pienso en ti solo quiero hacerte el amor.” Me derretí, nuestros anhelos pasaban de ser destructivos a inocentes en un instante. La locura que nos caracterizaba nos ponía más calientes. Admiré su cuerpo con emosion mientras me recostaba en la cama, suspirando en mis oidos, tratando de ocultar el nerviosismo que nos embargó.

Porque estaba todo dicho...

“Muéstrame como haces el amor...” Como la mueca en sus labios rojos, la seriedad murió comenzando a reír dejándome atónito, le miré expectante, sintiéndome examinado por sus ojos atigrados.

“Nunca lo hice. Solo te quiero a ti... Dame lo que eres y descubramos esto juntos...” Me besó los labios entreabiertos. A sus ojos seguramente parecía un tonto inmaculado, con las mejillas acaloradas, los labios resecos, los cabellos desparramados y esa mueca estúpida ante el comentario. Esas palabras llenaron mi estómago de mariposas.

Mis cejas intrépidas, mi frente sencilla, mi mentón estilizado, mi nariz puntiaguda y pequeña, mis lunares escondidos... Cada rincón se bañó con sus besos en el brutal conformismo hacia el romance que me dejó indefenso ante la sensación avasallante de su cuerpo sobre el mío. Abrí mis labios esperando por esa lengua que me hundió en un juego indecente, lleno de virtuosismo.

“Ahh... Estoy ardiendo...” Miró reflexionando un instante antes de que sus manos sudorosas levantaran mi camiseta, tocando el vientre como un ave a su nido, ahogándome en una perdición absoluta y demandante. Sabiendo que no había tiempo suficiente para calmar nuestro deseo en aquel lecho suntuoso. “No soy una chica...” Susurré mordiendo su boca en un rápido movimiento aproximando mis manos a sus jeans, desabrochando el primer botón oscuro sin quitar mis ojos de los suyos, sin perderme de beber su respiración agitada.

Muestra la arrogancia erguida que mantienes escondida entre la tela, que al momento de liberarse se perderá entre los pliegues de mi boca mientras te descompones en gemidos que serán para mí como el canto de un trovador.

Mojé mi boca al momento de tocar la dureza con la cual se acorazaba Yunho y no supo como hacer para seguir impávido ante la presión en sus pantalones, suspirando suavecito ante el camino de mis dedos, instándome a continuar.

Me sentí una estrella condicionada de porno barato.

“Vas a volverme loco.” Se sentó a mi lado liberando ese pene duro que atravesó mis ojos y cortó mi respiración como el fulgor de un ardiente rayo. Deseoso de mí, rogando por un festín de placer. Por caricias  indecentes. Se tocó frente a mis muecas  torpes y cuando quise acompañarle solo me comió con sus dientes generando en mi boca fantasías suficientes para satisfacer su masturbación. Mis pantalones estaban húmedos porque me corrí viéndole tocarse.

“Déjame tocarte...” Supliqué en la burbuja de mis espasmos mientras frotaba mi sexo sobre los pantalones, endureciéndome de nuevo a sabiendas que él lo notó al observarme con deseo y perversión, exigiéndome como si fuera una perra.

Y claro... Moría por ser la perra de Yunho.

“Te quiero aquí...” Mostró su pene hinchado y rojo. “Esta noche me correré en cada parte de tu cuerpo...” Yo moría y vivía, recordaba y olvidaba, suspiraba y respiraba con afán entre sus vulgares palabras. Ese hombre que me quemó como una braza maligna cumpliría todos sus deseos con mi cuerpo. Y solo me dedicaría a obedecerle como un cachorro hambriento.

Chasqué con la lengua para humedecer mis labios acercándome a su sexo sin dudas, conteniendo las ganas de succionarlo y morirme con su sabor. Su corazón frenético y mi respiración precipitada construyeron el marco perfecto para la noche de locura que nos acogía.

“No tienes que obligarte...” Escuché decir aún con el zumbido en mis oídos. No iba a mentirle, a él me mostraría tal y como era.

“Quiero esto... Lo visualicé tantas veces en mi boca que puedo jurar que conozco tus sabores.” No contestó, pero tiró de mis cabellos para captar mis labios en una caricia demandante.

Todo era un jodido sueño.

Nos extasiamos observándonos de a momentos al coger aire, contemplando nuestros rostros agónicos, nuestros labios rojos y nuestros cuerpos calientes.

Sus manos me despojaron de mi camiseta mirándome atónito, y como cada segundo dentro de esa habitación, me estremecí. Acorralé sus piernas con mis rodillas quedando mi vientre a la altura de sus labios, comenzó de pronto a depositar castos besos en esa zona a medida que exploraba mis curvas con sus dedos codiciosos, delineando la raíz de mi espalda bañada en sudor hasta llegar a mis prendas interiores y bajarlas con ahínco hasta mis muslos bajos. Como si ellas hubieran cometido algún crimen altanero.

Cuando sus manos se enterraron en mis nalgas amasando su tersa desnudez comprendí que ya nada volvería a ser igual. Entre sus miradas ardientes y mis temblores prematuros la atmósfera se llenó de lujuria incontrolable. Yunho respiró sobre mi erección dolorosa y suprimí un gemido gutural que erizó cada peldaño elocuente en mi piel morbosamente violada con el crujir de los nervios, que cayó como una pena feroz e indiferente en la hendidura de mi pene rebalsando entre gotas del fluido de la pasión.

Me derretí entre sus brazos...

No me moví, no respiré, ni siquiera temblé, solo observaba sus movimientos con cautela, gravando en la retina sus besos peculiares en la vellosidad de mi intimidad, respirando en ella, oliendo cada centímetro hasta desquiciar mi razón. Cerré los ojos enterrando las yemas en su cabellos sudorosos forzando como en una plácida aurora a frotar mi pene con sus labios, exigiéndole satisfacción.

Él se encontró de pronto repartiendo saliva por el ombligo dejando dulcísimos besos que acompañaron a la suavidad de sus dedos adentrándose por mis nalgas, palpando ese pasaje que jamas nadie profanó. Ese lugar reservado para su calentura, para que en él vaciara cada uno de sus pecados sexuales.

Pronto... Muy pronto. Mi áspera dureza se inquietó.

Hurgué en sus cabellos para que nuestras miradas se encontraran y como si hubieran transcurrido miles de años, luchamos para destruir la resequedad de nuestras bocas jugando con lenguas húmedas, descubriendo que el mundo de ese muchacho caprichoso se redujo a mis curvas resbalosas.

“En ese callejón. En ese maldito callejón me lamenté... No te abandonaré de nuevo mi amor...” ¡Si! ¡Soy su amor! Solo tuyo. Solo para ti. Solo por ti. Sonreí al juntar nuestras frentes y envolver mis brazos en su cuello, su respiración perdida y sus manos estrujándome fueron recuerdos necesarios para sellar con tinta de mi propia sangre el pacto de amor eterno.

Y me pregunté un instante mirando las medrosas olas de sus ojos si el tiempo sería suficiente para saciar mis oscuros instintos con ese hombre entre mis dedos que parecía poseído por la lindura subliminal que me caracterizaba.

Bajé hasta sentir su pene rozando mi cuello al alimentarme con el elixir nacido de su vientre, perfilando con mi lengua demoníaca esa zona de intimidad que con su lóbrego manto me llenaba de añoranzas impuras.

“Quítalos.” Me ayudó a despojarnos de nuestras prendas para quedar desnudos con cuerpos perlados y suspiros sobresalientes que se desprendían de nuestras bocas con el roce de piel y fue allí, en frente de su desnudez delictiva que descubrí la confusión del destino. Te quita y te da una luz amable que hace llorar a los ojos entre la hermosura y el perdón, jugando con los sentimientos degustados en la misericordia.

Eramos una cama, él y yo; su cuerpo y mi cuerpo sobre sabanas mojadas de lujuria, expectantes de que al siguiente día Febo nos mirase desde el ilusorio cielo como cómplice de esa unión corrompida por la locura incondicionada.

Llegué a mi destino demostrando nulas vacilaciones, estaba tan seguro de querer satisfacerlo que borraría el pudor y la vergüenza.

“Tranquilo, déjame verte.” Sentí sus yemas tibias apartar los hilos pegajosos de mi frente, solo le miré mientras su hombría delineaba mi mandíbula, buscando la manera mas sucia de meterse entre mis labios, pidiendo fenecer con la culminación de su humedad fundiéndose con mi agua. Me cerní sobre ellos buscando las sensaciones extravagantes como un gibón hambriento y temeroso al unísono, mi pasión sería la encargada de enmascarar la inexperiencia.

Lamí mi presa con dedicación.

“Acabaré tan rápido...” Sentí como sus caderas se mecieron dentro de mí empujando su carne hasta el fondo. Me encantó. Su piel era tan suave y caliente como imaginé, animándose mi lengua a jugar con su envergadura deliciosa que se hinchaba dentro de mi cueva. Masturbé su falo ayudando a que los fruidos se perdieran con mi saliva y mostrarle a sus ojos, la expresión salvaje que desde ese momento le acosaría por las noches.

“Ahh,si... ohh... Sigue así...” Te volveré loco mi amor...

Degusté los pliegues en su intimidad sintiendo como el glande de un momento a otro se perdía en mi garganta provocando unas pequeñas arcadas y obligándome a tomar aire. No me perdí ni un segundo, yo le liberaba para chupar la cabeza hinchada y drogarme con el salado gusto y el dulce aroma de su pene.

Todo se redujo al placer. No pude dejar de chupársela encantado con la sensación enfermiza de querer tragar hasta el ultimo fluido que pudiera escupir sobre mis labios, marcándome entre el frenesí y losgemidos.

Si me dejasen pedir otro deseo, me fundiría en el éxtasis con ese hombre, que en mi boca encontró la perdición.

“Ahh, mi precioso Jaejoong es increíble...” Sintiendo el calor devorarme toqué mi sexo apretándolo deliciosamente para comenzar a agitarlo junto con los chapoteos de mi lengua sobre su carne dura que chorreó fluidos que murieron con la saliva delineando mis costados. Oh mierda... era tan pervertido que me corrí entre mis dedos a medida que su pelvis me jodía una y otra vez como una parca insana. Deseando matarme de asfixia  en esa burbuja incorregible.  Perdí la fuerza mientras mi semilla cayó sobre las sábanas  y como una fuerza mayor mi lengua solo se movió complaciendo, sin despegar nuestras miradas.

¿Cómo me veo? ¿Te gusta? ¿Amas mi lado perverso? ¿El precioso Jaejoong se ve bonito chupando pollas? Ahh... Estaba en el cielo.

“Te ves hermoso...” Contestó como si leyera mis pensamientos provocando un leve sonrojo en mis mejillas ahuecadas. La mandíbula dolía como un demonio pero mi moreno no pudo detenerse. Se zafó de mi boca dejándome tirado en la cama de espaldas, como un saco rendido de pena moribunda, no evité retorcerme de placer frente sus ojos notando esa mirada perversa clavarse en mí.

Oh.. Él lo haría...

Mi pecho enamorado brincó de dicha cuando me apreso con sus piernas quedando su pene justo sobre mi boca, viendo con ojos candentes como se acariciaba frenético de arriba abajo, quemando con su rapidez mi aliento. Me estremecí al tocar sus muslos interiores tensos ante la pronta eyaculación, esperado con su mirada ansiosa el momento de manchar mis labios y mi rostro con su semen perfumado.

“Mhh, si, Vamos, lo quiero todo sobre mí...” Me detuve en el pensamiento sacudido por la perversión del vago anhelo cuando de pronto sentí los gemidos entre cortados y calientes hilos ser depositados en mis labios entreabiertos, escurriéndose en mi cavidad al regalarme el sabor de la tortura. Las manchas blancas también revistieron mis mejillas con rumores de placer cortando los latidos de mi pecho, luciendo mi lengua un caminar fresco, recogiendo el desecho de su vulgar excitación.

Ambos exhalando tiernos suspiros que desembocaban en sonrisas cómplices.

No podíamos dejar de empalmarnos ya que cuando su boca limpio mi rostro supe que llegar al final no sería impedimento para nuestro encuentro.

“Demasiado caliente...” Susurró en mis oídos. Me encontré sobre sus piernas instándole a complacerme a medida que su miembro tomaba fuerza entre mis nalgas blancas. No pude dejar de friccionarme contra su estómago de manera salvaje, ni siquiera de buscar su lengua cuando el pensamiento de que me penetrara se hundiera en sus murmullos sensuales. “No hay condones...” Se excusó y no pude evitar reír.

“No quiero un maldito forro ¡Ni siquiera necesitamos lubricante! Solo fóllame...” Salpiqué su libido con pinceladas de furia tratando de que no huyera y me hiciera suyo. Rebosante en vitalidad al mecerse sobre su cuerpo febril mi silueta sudada, salvaje y en celo.

“Solo hoy dolerá, debes soportarlo Jae...Y todo estará hecho.” Lo soportaré, y nos sentiremos tan borrachos del dolor que parar las embestidas será un martirio.

Y sentí como sus dedos jugaron con mi orificio virginal como cuando las palomas inquietas descienden al jardín de mi deseo. Yunho era un experto acariciando mi intimidad buscando de a momentos beber la miel de mis labios y humedecer esos dedos que entraban y salían como intrusos ladrones. Las puntadas eran tan maravillosas que se llevaron gemidos prolongados extraviándose en su roja lengua de puna. Adicta, venenosa, caliente...

No encontré palabras para describir a su boca sorbiendo mis pezones con ritmo, obligando a blasfemar con el silencio y morderme la carne que cubría mis labios. Tiré de sus cabellos adulándole, repartiendo con mis trazos, las confesiones de los amantes.

Que era mi extensión de piel y de mi alma...

Una prolongación de mi cuerpo y la mitad de mi ser...

Ese hombre que con caricias raudas e inmorales despellejó mi desnudez...

¡Que locura candente la de mi amor sublime!

“¡Aishh! Te deseo tanto. Yun, ha, Yunho... Te quiero ahora.” En una misma piel. En un mismo latido.

“Mírame...” Y comprendí su pedido. Allí estábamos, él perdido sobre mi cuerpo meciéndose al compás de los gemidos ahogados, tratando con cuidado de adentrarse entre mis nalgas mientras repartia deliciosas prosas poéticas en mis oídos colorados y caricias perfectas desde mis pies a mi cintura... Desde mis caderas a mis cabellos sudorosos...

Todo el candor rellenando cada hueco...

“Oh sí... tan estrecho. Mi Jaejoong es tan lindo y fuerte...” No hice mas que enredarme en sus caderas cuando le sentí penetrarme despacio, corromper en ese túnel utópico donde se esfumaron los penares y dolores. No dolió. Quemó. Arrasó con mis entrañas en una dosis de violencia, callando mis groserías. ¡Un dolor emocionante! “Mnh,sí... ¡Ahh! Me encantas...” Le escuchaba perdido en sus movimientos, entrando y saliendo sin delicadeza, llenándome de sus deliciosos besos húmedos. Esa visión que me atormentaba.

“Yunho, Yunho... ¡Oh Dios! Más...” Me fascinó ese pensamiento. Yo muriendo entre sus golpes. Con su Pene enorme y deseoso rompiendo mis paredes internas. Agrietando mi pequeño agujero que se amoldaba a su tamaño. Que le recibía en sus oscuros rincones.

Y era mi preciado tesoro el que se llevaba. Guardado con mi voluntad de hierro únicamente para él.

Kim Jaejoong Ahora era propiedad de ese moreno entre mis piernas.

¡Ah! Mordió la piel de mi cuello con hambre consciente de su esclavo doblegado hasta robar el ultimo de mis gemidos. No encontré las fuerzas necesarias para besarle, estaba completamente ido sobre el limbo de la trascendencia. Ese dolor tan pronunciado me hizo divagar en el mundo del olvido, sintiéndole levantar mis piernas para penetrarme mejor a su antojo.

Y mi hermoso cuerpo quedó a su disposición.

Con la mirada en su expresión deliciosa...

Con las furtivas gotas descendiendo por su pecho hasta perderse en la lejanía...

Con cada vena hinchada mostrándome la erótica masculinidad echa hombre...

“Te amo Yunho...” Saboreé apresando esa carne con fuerza, sintiéndole derretirse en mis adentros.

Y con su lujuria y amor enteros corriéndose en mi sexo furtivo dejó gravado en mi memoria el primer calderón del orgasmo que arraigó mi alma enamorada.

Nos envolvimos en el túmulo de caricias al despedirnos de mi virginidad, omitiendo como entre las sacudidas de ambas respiraciones, un aparato vibró en las afueras.

Esa llamada entrante de un celular que se perdió en la rapidez de nuestras bocas uniéndose en un oleaje de fuego. En un mismo latido que volvió a comenzar.





Tarde un poco en corregir esta parte ya que me divertí mucho poetizando en el tramo sexual :P 
Ojala les haya gustado ^^ 
Solo queda la ultima parte asi que nos vemos pronto...
Saludos y Besos...

Mirai~


domingo, 14 de septiembre de 2014

Fracture

14 comentarios
Titulo: Fracture
Rating: NC17
Genero: Romance
Parejas: Yunho x Jaejoong
Advertencias: Violencia, Alto Contenido sexual
Sumario
La vida se pintaba negra así que tal vez y solo tal vez ese color se borraría un poco luego de aquella noche. 
O se oscurecería aún más... 
Era el momento de dejar de ser un idiota inmaculado. 
"Vas a Arrepentirte Yunho" 



.





“Fracture”





Suavemente dejo caer mis preciosos cabellos sobre el pálido rostro que me envuelve llegando a la conclusión ínfima de que si algún alma bondadosa pudiera mirarme pensaría insanamente que era una criatura preciosa venida desde los altos cielos para traer paz y amor desbordante.

Palabras, palabras, palabras.

Nadie puede ver al afligido virgen escondido bajo la fachada omnipotente de niño popular que se remueve las entrañas esperando a que alguien se diera cuenta de varias cosas subliminales y le ultraje en frente de toda la universidad, especialmente un chico conflictivo.

El repudiado social, Jung Yunho.

“¿Qué es lo que te sucede? Hace mas de dos minutos que estoy hablando a una pared.” Una voz gruesa raspando en virilidad me quitó del ensimismamiento para traer la conciencia nuevamente a la cruel, brutal y despiadada realidad. Mi naturaleza reprimida.

“¿No conoces la importancia de mis pensamientos al analizar la sociedad anarquista de los hipocampos? Estoy en mi cerebro tratando de resolver aquel misterio y tú como si nada piensas en molestar a mis cavilaciones.” Y fue como un soplo de cordura dolorosa cuando sus ojos se achicaron en unas medialunas riendo frente a lo subnormal de la respuesta. Mi pobre corazón se contrajo comenzando a dar pálpitos demoníacos, esos que hacían pensar que estallaría arteria por arteria.

Yunho se encontraba frente a la banca donde antes me hubiera recostado, acomodándome la melena suavemente mientras jugaba con las formas de las nubes creando variaciones e intentando limitar el aburrimiento, fracasando en el intento. Es que me había cansado de pensar todo el maldito día en mi compañero de cuarto, constatando las afueras de la universidad al ver pasar al alumnado frente a mí, saludando y observándome con adoración.

“Dime lo que estabas diciéndome.” Susurré reafirmando mis ademanes endureciendo la voz al tono indiferente, Yunho a pesar de ser cuasi un asesino siempre me daba lugar a tratarlo mal, mofarme de él, farfullar conél, era en lo que Kim Jaejoong era exclusivo para él; me encantaba hacerme a la ilusión de que bajo ese destripa cuerpos de chicas había un deseo sexual por su amigo, no obstante, era ilógico arriesgar esa hermandad de machos por mi calentura añeja homosexual.

Nunca podrás cambiar ese sentimiento.

“Esta noche necesito que abandones el cuarto por algunas horas” Y me quedé a cuadros. Eso fue un golpe bajo. “Voy a encontrarme con alguien y necesito privacidad. Solo por hoy ¿Entiendes cierto? ” ¡Solo por hoy! ¡Ni por hoy ni por nada maldito hijo de puta! Prometimos nada de mujeres en el cuarto, no allí donde se encuentran todas nuestras memorias. No, no y ¡No! ¡Mierda!

“¿Con quién vas a estar?” Pregunté ocultando las sensaciones dolorosas y traicioneras que me recorrían. El estaría con una mujer en nuestro cuarto importándole muy poco lo que pensara. Cuando la gente dice cosas de ti tendré que aprender a creer en ellas bastardo. Jaejoong, cada año que pasa te vuelves mas estúpido, tanto que das lastima.

“¿Curioso? Pensé que mi vida privada te tenía sin cuidado, pero en fin, no la conoces así que descuida.” Frunció el ceño demostrando la incomodidad que nos había rodeado.

No preguntes nada mas.

“Esta bien, veré que hago en la noche” ¿No te importa lo que haré? ¿Con quien iré? ¿De verdad no sabes lo que siento por ti infeliz?...

Habían días enteros en los que pasaba haciendo analogías sobre mis acciones y estados de animo no fijándome ni encontrando estrías concretas, cayendo siempre en las mismas mentiras cantábricas. Difícil resultaba insinuarle, remarcarle mis orientaciones sexuales, el enamoramiento irrevocable que me ataba a todo su ser, ese que tras persianas de espasmos en las noches crecía estéril, difuso por no concretarse,

Hacerse amor correspondido.

¡Que hombre! Lindo, arrogante, impulsivo, con la mirada mas fiera que las centellas. Ese era Jung Yunho, el único que sacaba la tristeza y la felicidad desde lo mas hondo de mis entrañas.
Impulsivamente di vuelta la cara marchando hacia la clase que tenia delante, olvidándome de él y pensando seriamente en la noche. Nunca tenía planes por las noches.

Kim Jaejoong, sinónimo de homosexual reprimido, en la universidad conocido por la mirada mundana y calculadora que inspiraba frente a todos. Muy diferente a Yunho que era la gran excepción, la mayoría de la población le temía observándole apaciguados, despreciándole, creyendo en los dichos sobre su salvajismo interior. No entraba en sus raciocinios que el joven mas pulcro del establecimiento fuera el mejor amigo de un asesino cereal como supuestamente él lo era. Ellos no tenían mis ojos, omitían su hermosa personalidad oculta, la que siempre demostraba estando conmigo. Solo conmigo. Ni las mujerzuelas con las que andaba conocían eso de él.

El único que te merece soy yo.

¿Como decirlo? El día en que llegó a la preparatoria baja sentándose a mi lado diciendo que si no le daba mis apuntes me golpearía al terminar la jornada escolar, marcó solo el principio. Me quedé estático, obnubilado por su aterradora mirada de animal enjaulado, tanto que deseé ser la personas que lo liberara brindándome como cena.

¡Oh si! Hasta los huesos mi amor.

Felizmente recuerdo como silencioso fue ablandándose, aceptando mis palabras hermosas, recibiendo mis cuidados en los momentos que una pelea le ocasionaba daños dolorosos. Siempre al pie de cañón, sin fijarme en las acciones, en sus arranques, sin pensar en lo que sus padres y los míos decían hacia esa amistad que se formaba con cimientos irrompibles. Yo me gané su respeto, es como un perro fiel que siempre me cuida desde la sombra.

Siempre fui conformista con aquello, pero siento que llegué a mi limite.

¿A esto se le llama tocar fondo?

Compartimos nuestras vidas de una manera subliminal, cancerígena, los dos sabemos que no podemos vivir sin el otro pero... ¿Hasta cuando? Hasta que él encuentre una persona mejor que yo, un ser que le pueda dar miles de cosas que yo no puedo.

Ese pensamiento triste me heló la sangre.

Nunca me consideré entre esas personas que se ensimismaban cuando querían conseguir algo, luchando hasta regocijarse en el estiércol de placer; con Yunho las cosas sucedían de distintas maneras; anteriormente anhelaba una vida normal, buen sueldo, buena familia, buenos amigos... ahora es él, solo él y nada más que él. Quiero tenerlo entre mis brazos para monopolizarlo, que su mirada me penetre hora a hora gastando mi figura tiritante. Dormir juntos, entrelazados, haciendo el amor hasta el cansancio. Y un beso, solo un beso quiero de su boca, que cuando suceda volviéndome adicto a ella sus labios y los míos persistan en el infinito, conectados con sorna, fuego y candor tratando de llenar mi cansado corazón. Ese cansancio que duele admitir, ese que las lágrimas frecuentes debilitan, participantes en aquella ilusión llamada amor frustrado.

Últimamente ningún día era la excepción de abandono por no tenerle.

Unos pasos alertaron los sentidos disponiéndome a mirar quien se encontraba detrás, rompiendose las ilusiones al tropezar con que Yunho no me había seguido. Parpadeé en el silencio propicio un par de veces hasta poder saludar al individuo que últimamente me acosaba la mayoría del tiempo. Era un estudiante un grado mayor de economía. El estaba empedernido con mi presencia, empleando cada minuto libre de su día para hablar o sacar conversaciones fútiles que le brindaran algún dato sobre mí, y claro, me parecía lo menos interesante saber sus intenciones...

El quería tener una relación tanto sentimental como sexual. Era lo que a muchos hombres le llamaba la atención de mi etérea apariencia.

Pregunté que era lo que necesitaba y después de dar largas vueltas propuso acompañarlo a una fiesta en la noche. Sonreí por la conveniencia de la invitación sin pensarlo dos veces, recordando luego que a Yunho el muchacho no le caía para nada, era como si en el pasado hubieran tenido conflictos que desconocía.

Si a ese tonto no se le daba por explicarme a mí tampoco se me daba por escucharlo.

Sacudí la cabeza de manera afirmativa desapareciendo de su vista, gritó eufórico que luego de clases me pasaría la dirección y rezongué por lo subnormal del momento. Me entristecía enormemente llegar a la conclusión de dejar de pensar siquiera un segundo en Yunho, solo por unas horas, unos días, un buen tiempo; olvidarme de ese sagrado lunar abriéndose ante mí como una flor sobre la estación al susurrar aquellas escuetas palabras que algunas veces escuchaba y otras no. Dejar de estar perdido como un turco en la neblina de la incertidumbre y poder dirigir la atención a otras cosas, otras personas, quizá a otro chico. Darme definitivamente la oportunidad de estar en paz con la desesperación interminable y maldita.

Al momento de sentarme tras de todos lo menos que hice fue escuchar al profesor; las cuestiones que importaban a mi estima eran las de ¿Qué hacer en una fiesta con desconocidos? Repetirlo incansablemente ayudó a caer en cuenta de la descabellada situación.

¡Por todos los cielos! ¿Desde cuándo sales con personas que no te interesan? ¿Con hombres? ¿Con tipos que quieren meterse en tu culo? La desilusión de enamorarse llegaba a tales extremos, rememorando que eso no sería buena idea. A pesar de todo estaba muy orgulloso de mis dos décadas de castidad. Que sólo mis ojos pudieran verlo a él era una gran muestra de inocencia.

No podría embarrar aquello con dicha estupidez de asistir a un lugar con entraños.

Graciosamente acudieron algunos recuerdos absurdos de mi vida.

El día en el cual me estremecí al ver su rostro obsoleto lleno de lastimaduras. El sólo se había topado con un tipo y un absurdo comentario hacia mí, segundos después ellos estaban tirados en un asfalto calurosos riñéndose con puños y sangre. Nosotros teníamos 16 años, fue cuando descubrí que Yunho estaba loco, ayudando a mi libido a explotar junto con la furia acumulada. Esa noche eyaculé imaginando sus labios quebrados y los moretones que personalmente curé.

¿El era el loco por ser agresivo o yo lo era por fantasear con esa bestia?

Recordé también cuando protagonicé una escena de celos por faltar a uno de mis cumpleaños, el se había encontrado con una de nuestras compañeras de colegio y prefirió abandonarme. Lloré como un niño malcriado, exigiendo con manotazos de ahogado que pidiera disculpas, que reconociera su error, que me dijera que aún seguía siendo lo más importante para él y por dentro, muy adentro, sintiendo lastima de mi iracundo amor adolescente.

Patético, inmoral, insípido, frustrante...

Todas esas escenas locas corriendo por mi mente demostraban que ninguno de los dos era saludable. Eramos todo menos personas corrientes.

Nadie en el mundo podía sentirse mas miserable al punto de odiarlo por no elegirme, por explotar mi amistad y mis sentimientos embarrados en la ignorancia, haciéndole ver como un villano que me estaba asesinando sin saberlo.

Tramo a tramo escribiendo los pasos hacia mi muerte. Extremista pero cierto.

Corrí por las escaleras deseando resbalar quebrando hasta el último hueso sano sin conseguirlo; llegué firmemente a la azotea sintiendo el viento helado cortar con las articulaciones de mi rostro inmaculado. Respiré junto con esa ventisca que se llevaba mi gimoteo con la brisa otoñal.

“¡Ahh! ¡Maldito seas!” Inhalé, exhalé, inhalé nuevamente para luego exhalar y sin embargo el poder de la angustia se llevaba mis fuerzas impidiéndome respirar. Me calmé esperando a que los pulmones retomaran fuerzas pero como la caricia de un ángel el dolor en mi pecho se dilató comenzando a funcionar acompasado. Mis labios morados como una fruta también quisieron volver a adquirir el color de la clandestinidad que lo caracterizaba.

La espalda chocó contra la pared deslizándose por ella, el instinto de supervivencia hizo que irónicamente por inercia prendiera un cigarrillo para llevármelo luego a los labios. Una nube de humo voló con el soplido de la estación pareciendo una melodía irritante a oídos de un sordo. El palillo que se escurría por mis dedos eran casi tan insignificante como mi alma moribunda y ese pequeño esqueleto bursátil entre mis dedos decía que era momento de renunciar, dedicarme solo a mí sin él de por medio, que dejara de mirarlo entre las distancias con expectativa, con deseos de que comiera hasta mis entrañas.

Anhelando un sentimiento que tal vez Yunho no estaba dispuesto a corresponder.

Después de todos aquellos años sádicos analizando nuestras cercanías horrorosas y los lazos que nos unían era momento de vivir una vida. Común, corriente, monótona y lejos de Jung Yunho. Apartado de su figura en la cual se extraviaban todos mis sueños y anhelos. ¿Cuáes eran mis sueños?. Los olvidé.

Ciertamente el amor cura cualquier herida, pero no olvidemos que es el responsable de abrirlas y dejar que se pudran...

Y en aquel efímero momento de angustia abrasadora el deseo de que nunca hubiera entrado en mi vida me consumió tan rápido como ese cigarrillo desaparecía entre mis labios y las calientes pero muertas cenizas bailaban con los soplidos frescos.

“Supongo que sucedió algo realmente terrible para que te encuentres en dicho estado deplorable” Sucedió tu sonrisa, esos pequeños ojos que me consumen en su mirada, sucedió la piel de tus dedos que se clavan en mi retina con clavos oxidados, dejando el inmenso vestigio herido que me impide respirar o articular las palabras de mi martirio colosal.

“Yunho... Hay días en los que quisiera desaparecer. Que nadie, ni siquiera tú, pudieran traspasar las murallas de mis pensamientos.” Necesito que te vayas para olvidar, porque al permanecer junto a mí me enamoras aún más. Noté como sus cejas se contrajeron en disgusto ya que eran contadas las veces en que recibía tales afirmaciones de mi parte.

“¿Qué hice para que reaccionaras de ese modo? Tu estás tan extraño hoy y... !Ni siquiera me miras! !Si no quieres que traiga una puta a la habitación solo dílo!” Dolió, su franqueza me atravesó sin aviso alguno aunque el cansancio sería oportuno en esta situación. Ya no tenía fuerzas de pelear con él. Me quedé estático viendo al cielo sin contestarle por eso solo se dispuso a sentarse a mi lado, chocando nuestros cuerpos y haciendo que aún sobre la ropa sintiera el ardor tan caracterizador que se impregnaba en mis venas corrosivas.

Maldición Yunho, desaparece...

Y como si el diablo hubiera escuchado mis suplicas divisé unos dedos finamente perfectos asomarse por el umbral de mis ojos apagados hasta quitar de mi boca aquel cigarro casi consumido. Maldecí en silencio. A diferencia de las mías, descuidadas y resecas, sus manos mantenían ese semblante bondadoso que solo yo podía ver en su persona; sin dudarlo, todos a nuestro alrededor, incluidos sus padres y los míos, pensaban que él era un chico retorcido, veían el pavor en esas magnificas manos que para mí podrían llegar a convertir lo insano en algo meramente glorioso.

Tal vez pudieran llegar a convertir mi cuerpo inmaduro en un grandioso ceño de curiosidad inmaculada.

Le dio una última calada al cigarrillo para luego tirarlo pisándolo con la punta de sus zapatillas. Lo hizo con tanto odio infinito que creí estar viendo su esencia en el ático de mis ojos. Yunho era incluso mas enigmático que yo. El tiempo se detuvo en su mirada feroz cuando obligó a que le prestara atención atrayendo mis ojos apagados desde la mandíbula, sentí sus dedos suaves y tibios en aquella parte mundana. ¿Qué mierda hace? El me observa como si fuera mi padre, esperando a que le cuente los debrayes pubertos que me atormentan, conteniendo esa mirada que siempre detesté ya que en ella se refleja el hecho de su ilimitada bondad que me quema el pecho como una brasa depuradora.

Me estoy muriendo. El aire se torna vicioso y maligno a mi alrededor.

“¿Vas a contarme?” Su frente chocó con la mía siendo esta su manera de comprobar mi temperatura. El se transformaba cuando se trataba de mí. ¿Podía otra persona ser tan hermosa como él? Me estremecí.

“Estoy cansado... Eso sucede...” Y cuando el horror se perfiló en sus ojos chocolate, como una ráfaga el estruendo de una puerta nos alertó como bólido aturdiendo nuestro silencioso encuentro. En el umbral divisé la silueta de Kim DoHyun nada contento al ver a la persona a mi lado. Eso me pareció una terrible sátira.

“Ese maldito de DoHyun...” Escuche casi imperceptible escapar de sus labios e inmediatamente vi su semblante ensombrecerse. Un espiral de escalofríos recorrió mi piel al verme de pronto en medio de dos auras perturbadoras. Un interrogante me cohibió.

“Sabía que estarías aquí Jaejoong, cuando puedas necesito hablar contigo.” Pasó monumentalmente de Yunho y eso hizo que las venas de la frente se le contrajeran. ¿Qué se traían esos dos? ¿Era peligroso seguirle el juego a pesar de que ese joven me caía realmente desagradable?

“Está bien” Fue mi respuesta atentando contra el increíble mal humor de Yunho. El cuerpo no paraba de temblar aún sin saber la razón. Como un fantasma la figura del muchacho desapareció dejándome nuevamente a solas con el moreno a mi lado. Temía por su sermón asediador así que me dediqué a incorporarme sin mirar atrás, dejándole en el olvido como debía de ser.

“¡Jaejoong! ¡¿Qué mierda fue eso?! ¡HEY!” Estaba realmente harto de que a pesar de todo se siguiera sintiendo mi dueño, eso llenaba mi alma de rencores infinitos. “¡Me escuchas?!”. Exploté.

“¿No puedo hacer otros amigos? Siempre tengo que estar pendiente de ti y las mujerzuelas con las que te diviertes o cuando te peleas con medio mundo pero nunca puedo toparme con otras personas sin que te pongas como un loco. ¡No soy tu maldita mujer Yunho! ¡Deja de ser tan hijo de puta!” Lloré. No pude evitar derrumbarme frente suyo expulsando el dolor mientras quitaba las escaras del amor corroído antes de lamerlas con pretensión desorbitante, con el gusto a hiel que hacía mucho no corría por mis labios. Esa amistad me estaba enfermando.

Acostumbrarlo a mi presencia incondicional sin esperar nada a cambio era el principal motivo de las desilusiones camaleónicas que producía el amargo dolor divino de muerte.

“Jaejoong... Yo...” Estaba mudo como una tumba. Escogió acercarse rodeando mis hombros con sus gigantes brazos para que mis lágrimas se refugiaran en su pecho orlado. Esas lágrimas desarmadas y frágiles se refugiaron en la tibieza de su cuerpo alimentando el sufrimiento. Tonto. Tonto Yunho... “Discúlpame. No se qué es lo que sucede... No lo ocultes. Sabes lo disfuncional y cabrón que soy algunas veces, pero nosotros no ocultamos nada del otro. No me gusta ese sujeto, siempre te observa de manera anormal...”Me decía aquellas palabras a medida que sus grandiosas manos no se privaban de recorrer mi espalda entumecida para calmar los sollozos que como insectos sobre la luz no hacían más que aferrarse al dolor. Un palpito frecuente se aproximaba diciendo con tono lúgubre que aquellas seguían siendo las mismas excusas que los años no podían apaciguar.

A sus ojos era el mismo frágil niño de doce años que conoció en un salón de clases.

El revés de mis puños quitaron el exceso de agua dándome ánimos para alejarme, él nunca entendería que finalmente su cercanía me produjo pánico. Porque había llegado el momento tan temido. No puedo permanecer cerca de él con estos sentimientos tan profundos y lastimeros. Voces se reían mientras me apartaba de su avasallante ternura.

Estaba a punto de cometer una locura. Debía apartarme por esa noche. Sería lo mejor para ambos.

“Solo estoy cansado... Disculpa mi reacción” Endurecí el semblante ante su modo ejemplar de no entender mi comportamiento retorcido, sus ojos demostraron algo extraño, como si la desilusión le hubiera atinado a largar secretos oscuros de su mente. Eso me confundió. “Ese chico solo quiere ser mi amigo. ¿No te parece bueno que dejemos de depender tanto del otro?
Yunho... Tenemos que dejar de ser tan egoistas con el otro.” Era como si de repente supiéramos todos nuestros secretos. Su mirada manchada con gozo y dolor de un horizonte eterno que padecía de razón mostró el disgusto con aquella respuesta, formulándome así un millón de prospectos al pleito reciente. Entendía lo que mi cabeza sufría, como si supiera intensamente que yo estaba irrevocablemente enamorado de él. Y al mismo tiempo dijera con sus orbes obscuras que no podía hacerse cargo de aquel sentimental remolino de sensaciones.

Si tuviera un puñal entre mis manos atormentadas, lo empuñaría con sorna ferviente antes de intentar clavarlo en su pecho. Que con sus sangre los dolores se esfumen de este calvario en el cual se convirtió mi corta vida. Porque en estos años tanto la desilusión como la amargura se encargaban día a día de pudrir mis dotes celestiales.

El silencio que me mataba era tan magnifico como mi belleza, tal vez un poco de su dolor lograría calmar esa furia titánica.

Era tan lindo y tan miserable al mismo tiempo por no poder tenerle junto a mí.

Con risas efímeras admitía que pensé por un instante matarlo con el mismo objeto que después enterraría en mi estómago.

El egoísmo y la demencia se gestaban justo con mi singular hermosura.

Un minúsculo temblor destituyó sus labios cerrados al moverlos para decir algo, inmediatamente se retractó, sus ojos perdieron el brillo tenaz que lo caracterizaba. ¡Mi cabeza estallaría! Mordí mi lengua colérico.

“Nunca preguntaste por mis sentimientos ... Tu lo sabes ¿verdad?” Se retorció de la impresión a mi pregunta queriendo responder, más el viento se llevó consigo esas palabras. Lo que me planteaba hace semanas daba el visto de acierto, Jung Yunho... Mi amigo... Mi hermano... La principal razón de mi vida, era un cobarde fantástico. “¿No te parece que me cansé de esta amistad?” Cuántas cosas ocultas en ese semblante pálido. No tenía argumentos para describirlo. Era como si de repente todo lo que él había construido conmigo se le estuviera escapando de las manos. La incondicionalidad, la hermandad, los secretos revelados, los algodones oxigenados sobre las heridas sangrantes, las noches en los sanatorios luego de sus brutales peleas pandilleras. Todo, él reconocía que podía perder todo en un santiamén.

Era el limite. Me cansé de observarle mientras duerme sin tener acceso a sus satisfacciones.

Miró mis ojos en eternos segundos coloquiales sin objetar a la suerte antes de apartarse de mí, él nunca bajaba de cabeza ante nadie y como una cachetada sus ojos de pronto no podían mirarme. Se fue sin detenerse, huyendo con sus miedos encerrados. Con el estruendo del portón caí en la cuenta de la terrible situación. Fue un momento de debilidad en el que le echaba en cara mis silenciosos malestares que como había comprobado, él sospechaba. Lo normal seria seguirle y simular que nada pasó como siempre.

Pero no hoy, no te seguiré.

Se rompió... El muñeco que tambaleaba en mi vientre se rompió en mil pedazos ya que todo había sido malo y peligroso. Nuestra cercanía colgaba de un péndulo fino... Andrajoso. Yunho sospechaba de mí, él lo sabía. Por ello debía cortarlo por lo sano.

Mi cofre de amor ya no aguardó abriéndose para dejarlo escapar. Y pregunté por milésima vez al cielo mientras las lágrimas se derramaban... ¿Era justo para mí? No lo era. Tomaría los nueve fantasmas de mi perdición nadando de nebulosa en nebulosa buscando a alguien más ya que Yunho no estaba dispuesto a corresponderme. La ilusión se descaró junto con la cometa olvidada en tantos universos perdida junto con la última gota caída de mis ojos sangrantes.

Junto con la lucha, mi corazón quiso dejar de latir...








Pateé el cesto de la basura frente a mí como si tuviera su rostro tallado maldiciendo con ofuscación extrema. Hace momentos atrás no hacía más que echarle a Yunho la culpa de mis malestares amorosos, todos y cada uno de ellos, luego lloré un rato para así ir contra la corriente y volver a decirle al tal DoHyun que no iría a su fiesta, que como mucho prefería volver a casa con mis padres a leer revistas y comer panecillos... A Pensar un poco más en ese chico que me pisoteaba como lo hizo con el escuálido cigarro.

Estúpido...

Las calles estaban repletas con individuos yendo y viniendo felices, cargados con bolsos de supermercado esperando apresurados el llegar a sus hogares para compartir con esas personas queridas que les estarían esperando en su lecho. Rememoré que no era tan diferente de lo que me sucedía también... Yunho podría llegar a describirse como alguien tosco, exento de toda sabiduría bondadosa sin pizcas de paciencia, agresivo como un militar, iracundo y exigente, no obstante... No todo era así, conmigo siempre fue diferente. Cuando salíamos de compras siempre esperaba a mis decisiones interminables utilizando minutos eternos antes de agraciarle con una elección concreta para mis padres o sobrinos.

Y reía ofuscado también... Pero no decía nada que me molestara.

Eso era lo que más amaba de él. Dulce y justo solo con Kim Jaejoong. Hermoso y divertido solo con Kim Jaejoong. Amable y comprensivo solo con Kim Jaejoong. El matón que caminaba tras de mí a ojos ajenos protegiendo esa frágil e intocable fachada con las manos misteriosas hasta hacerme el más débil ser. Cuando no estaba a mi alrededor algo dentro moría haciendo que los pensamientos de inseguridad retumbaran armoniosos trayendo el miedo.

Todos los cadáveres de mi amargura circulaban a través de mis ojos cuando a la lejanía, en frente del centro comercial, lo vi.

Y nunca recordé haber temblado tanto como en dicho instante carcomido. El estaba siendo el ser más insensible al atropellar mis cansinas ilusiones por enésima vez siendo estas las típicas acciones que me llenaban de odio y a pensar tal vez que ya era suficiente, que no podía dejarle pisotear mi corazón de dicha forma inmoral, quizá, haciéndolo al propósito para destruirme con efectividad como el villano al que todos veían y me engañaba con sus lagunas marrones que le brindaban paz a mis silenciosos gritos.

Estaba perplejo, con un dolor insoportable corriendo por todo mi cuerpo y las lágrimas acumulándose en mis ojos fijos en su figura que dejaba que aquella niña rubia con una magnánime apariencia le tomara del brazo cual derecho tuviera. Como si su alma dejara que los suplicios de esa rabia pudieran llegar a fundirse con su cuerpo femenino en solo una noche de placer... Desde el cielo una niebla poderosa cubrió todos mis sentidos trayendo solo un odio característico que nunca deseé mostrar, al que siempre vencí insultándolo con un amor incansable. Ese odio que conocía bien... La resignación.

Me resigné a mirarle desde las distancias infinitas...

Me resigné a juzgarle diferente de los demás...

Me resigné a intentar que sus ojos y los míos pudieran fundirse en un anhelo crepuscular...

Me resigné a compartir mi vida con la suya...

Y al llevar una mano a mi boca tapándola para evitar que saliera el contenido de mi estómago por ella noté el pulso acelerarse como un motor junto con las ganas inmensas de saltar sobre esa mujer que me quitaba lo que por derecho me pertenecía. Sacándole sus ojos claros, arañándole el lindo rostro de princesa. Y Yunho... A él le despojaría de todas sus extremidades para que sintiera un poco del dolor que me estremecía la piel casi muerta al observarle desde la distancia con su complejo de casanova.

Las piernas comenzaron a moverse solas cuando mi mente fue manipulada por una fuerza superior y extraña. El puño afilado para el combate, las pupilas dilatadas en amargura, la ira gritando con desesperación por la garganta muda y reseca y todas las esperanzas existentes enterradas en el abismo sin retorno del mal. Así fui a a su encuentro cruzando las calles desprevenido sin reparar en las personas que me miraban con extrañes, en mi cerebro solo circulaba la imagen de Yunho, el momento cuando lo vi por primera vez, la primera golpiza, el entendimiento, su primer llanto frente a mí y la primer promesa de particular desenfado... Todo, yo mataría el lazo que nos unió por años para liberarme de esas cadenas espinosas que rodeaban mi cuna de inocencia.

Ni siquiera pensé cuando mi puño se estrelló en un costado de su mandíbula con bronca infinita, la fuerza que el odio me brindó hizo estragos en su rostro lleno de hermosura; cuando la mujerzuela cayó a un costado me abalancé sobre el inerte cuerpo moreno que me miraba estupefacto cubriéndose de mi anatomía voraz. La confusión de todo aquello le impedía defenderse y muy en el fondo le agradecí ya que no tenía oportunidades contra su fuerza.

Jung Yunho no caía en cuenta de que ése que le propinaba golpes duros y certeros era su mejor amigo. La persona que confesado por sus propios labios era la más importante en su mundo vil y agresivo.

Pero yo te amo tanto... Tu me condujiste a la locura.

La gente formó una ronda a nuestro alrededor sin interponerse, nadie lo ayudaba en ese momento y tampoco se atreverían a ayudarme a mí cuando sus puños se cansaran y rompieran mi cuerpo en pedazos.

“¡Jaejoong!” Gritó mas asustado que furioso. ¿Quién le explicaría? Mi suerte, mis temores y mis amarguras ya no encontraban retorno. El propósito seguía siendo acabar con ese capitulo turbio, Su amistad que pudría mi alma pura. “¡Tranquilizate!” En ese instante sentí un retorcijón en el centro del estómago, él nunca me hubiera echo daño pero sus puños seguían siendo más fuertes que los míos. Caí a un lado retorciéndome de dolor profundo pero cuando por el rabillo del ojo vi el terror ocupando sus facciones y quiso acercarse para disculparse me aparté de inmediato.

“¡No me toques!” Miré directo a sus ojos asustados y eso le rompió el alma en muchos pedazos desiguales. Le demostraría que también podía dañarlo obligándole a probar el barro que yo consumía. Noté a la mujer incorporándose en su dirección pero ni siquiera la registró, el odio profundo largó toda la maleza de mi boca mientras me miraba entre la confusión desmedida al aproximarse a mi cuerpo recostado en la pared. “!No quiero que vuelvas a acercarte bastardo! Se terminó... !Sal de mi maldita vida de una vez por todas!” Me dolió más a mí que a él pero no pude callar mi boca que escupía todo de una manera espantosa... Y entonces algo sucedió de pronto... Por fin noté algo en su mirada...

El enojo de su mirada penetrando la mía.

“¡¿Que te sucede?! ¡Cómo se te ocurre hacer esto en publico Jaejoong!” Se abalanzó agarrando mis brazos inmóviles mientras obligaba a incorporarme. Todas las personas murmuraban palabras confusas pero solo me podía perder en el miedo que su semblante me produjo.

Oh... Ese era el Yunho que nunca conocí... El iba a comerme vivo.

Comenzó a casi arrastrarme por las calles que luego de pasadas las seis comenzaron a recibir el manto oscuro del cielo apremiando a la noche que se acercaba con esmero. Traté de zafarme pero sus musculosos brazos impedían mi cometido. Las fracciones de segundos entre gritos ahuyentados y bocinazos de los automóviles al comprobar que algo no andaba bien provocaron que todo transcurriera en moción lenta. Mis ojos se perdieron en su espalda barroca y los bellos en su nuca que como nunca, estaban erizados. Tragué saliva.

Me tiró como a un perro contra una pared que no conocí, estábamos alejados, el ajetreo de la ciudad parecía resonar en la periferia y al revirar los ojos en la oscuridad de aquel callejón me sentí atrapado como un canario indefenso. Le enfrenté con temor pero esos ojos caninos ya no querían mirarme, era como si en pocos segundos hubiera entrado en pánico para deshacerse de la poca humanidad que quedaba en sus recovecos. En solo el transcurso de el día mi cuerpo fue atormentado por un montón de sensaciones descabelladas.

Alguien divino estaba confabulando en mi contra.

Sentí como sus dedos agarraron con fuerza mis cabellos desde la raíz para tirarlos hacia abajo con malicia, me invadieron enormes ganas de llorar pero ya lloré demasiado por el hombre frente mío. Le miré desafiante haciendo que la ira inmaculada golpeara tiritante sus orbes de lienzo marrón provocando que el tiempo se detuviera en la inestable atmósfera. Nunca tuve tantos deseos de querer huir... La hiel saliente de mi hígado quemaba en la garganta. Esa asquerosa sensación sinónimo de cobardía por lo que había provocado. “A-ah... Duele” No encontraba respuestas en esos ojos atormentados que parecían querer devorarme, estaba soportando un infierno para que todo acabara de una vez. “Lastímame Yunho... Terminemos con todo esto...” Sentí su agarre pronunciado pero las venas en sus sienes mostraban que algo se lo impedía... El era propenso a la violencia así que comprendí lo mucho que se estaba conteniendo para no matarme. Yo le ayudaría con mis palabras escondidas y putrefactas.”Ya... Ya no quiero mirarte mas... Acaba con lo que siento y conviérteme en un hombre... ¿Sábes por qué? ¡La marica frente tuyo te ama!” Y lloré como no recordaba sin poder mantener abiertos los ojos ante la destrucción de mi corazón. La derrota creando una grieta monstruosa que martirizaba cada uno de mis penares brumosos.

“Callate... Callate... ¡Cierra la puta boca!” Una cachetada perforó hasta el centro de desolación, entre los dientes se empezaba a disolver un gusto diferente y repulsivo que nunca había probado... Me daba muchas arcadas. Yo lo entendí, al fin sabía lo que sentía Yunho en todo momento...

El no quería admitir lo que sentía por mí.

“Me pegaste... ¡Te atreviste a pegarme!” La cólera subió a niveles insospechados, no quise perdonarle, necesitaba ver dolor perfilando en todo su ser, desde su pecho estrujado entre mis dedos hasta sus boca muerta con mis palabras. Sentí deseos de ahorcarlo. El convirtió mi transparente alma en un oasis de rupturas.

“Lo siento, perdoname... Jae... Tu me obligaste, tu te volviste loco. Yo solo...” Estaba rogando que me detuviera, suplicaba que no le orille a decir algo que no deseaba porque al tosco Yunho nadie podría obligarlo, ni siquiera yo. Escupí sangre en su camisa destapando los últimos huecos que faltaban liberar. Todo estará acabado mi amor y mañana seremos extraños.

“¡Dilo! Di que me odias para irme a otros brazos. Buscar un corazón sincero. ¡No un cobarde como tu que se folla una prostituta pensando en mí!” Esa pasada extremidad se estrelló en un costado de mi rostro como un yunque. Vi estrellas ambulantes tan rápido como una ráfaga cenital. Me dio vuelta la cara de un golpe y aun así no volví a mirarlo. Me aterró admitir que el pánico se hizo del espíritu luchador al ver su esencia violenta y psicótica ser utilizada en mi débil figura que como muchas veces atrás dijo, se parecía a la de un durazno en estación.

Yo temblaba inhalando oxigeno para calmar los latidos en mi pecho, asustado al saber que mis bellos labios sangraban demasiado. El sonido de su respiración agitada, las ratas huyendo por los rincones y las gotas de sangre cantando al son del soplo del cierzo hicieron crujir mis huesos.

No era un film romántico...

“¡¿Te gusta?! ¡¿Estás satisfecho?! Deja de querer entregarte a un canalla impulsivo... Un aspirante a psicópata... Tú no debes amarme. Me niego a arruinarte. ¡Entiéndelo de una vez! “ Estridente como un rayo mis sensaciones se descompusieron ante la declaración aterradora, romántica y lúgubre... Como una novela shakesperiana. Mi corazón comenzó a latir fugazmente. Parecía flotar ante su agarre intenso. Nos miramos verdaderamente por primera vez en mucho tiempo transmitiendo tantas melodías diferentes que cantaban junto a la tristeza deambulante de esa amistad tan hermosa como corrosiva.

Levanté en silencio una de mis manos para tocarlo, suave... Silencioso como la caricia de un bebe sintiendo de nuevo ese calor abrasador que me convertía en un polizón. La electricidad estática paseando por los dedos helados al rozar sus mejillas, regalándome inconsciente un suspiro ensordecedor que alivianaba como un prisma todo aquel dolor que nos causamos. Estábamos muriendo ante las miradas asustadizas.

“No me importa...” El vaho se perdió entre la cercanía de nuestros rostros mientras su semblante se templaba adivinando mis testarudas palabras características. Yunho era como un oráculo que sabía todo de mí, incluso lo que mis labios estaban a punto de formular. “No aguanto más esta situación. Incluso si fueras un criminal te seguiría... Si fueras un psicópata te seguiría... Si fueras un asesino te seguiría...” No pudo apartar la mirada de mis labios procesando cada una de las estrofas, mi caricia le tranquilizaba pero también le asustaba. Sus ojos hacían que mi sangre fluyera con ligereza. “Siempre supe como controlar mis emociones, sin embargo... Llegué a mi limite. Soy un enfermo de tu amor Jung Yunho.” No dijo nada, todo en mí le demostró que sería así indiscriminadamente, mis labios sangrantes, mis ojos acuosos y la frialdad de mis manos sobre su piel.

Titubeó antes de que su agarre se intensificara juntando nuestras frentes viendo la reducción de la cercanía. Ese era el momento que esperé desde que le conocí y porque no quería dejarle toda la culpa de ese bochorno choqué ambas bocas en un acoplamiento que me supo a gloria.

No pude describirlo.

Sus labios se tiñeron con el enardecedor color rojo de la sangre que ahora era compartida. No se apartó, solo suspiraba resignado comenzando con una danza añorada que me dejó moribundo. Si sus golpes no habían logrado matarme ese beso lo haría. Estaba tan feliz al sentirme envuelto con sus brazos inmortalizados en una fuerza sobrehumana; era como si los eslabones de las cadenas que ataban sus latentes principios se estuvieran desprendiendo como la coraza en su interior, esa donde quería ocultar sus deseos prohibidos.

Recorrí vestido de parsimonia esa amplia espalda acalorada aún entre los soplos del gélido invierno eliminando el escozor de mi cuerpo no obstante obligó a quitar mis manos estrellándolas contra la pared junto a mi cabeza; la presión tanto en mis muñecas como sobre mis labios era tan gloriosa que la conciencia necesitaba escapar de mí. Yunho era como una bestia salvaje. Me enloqueció.

Esas manos me estrujaban transmitiendo un estrépito que paralizó mis sentidos, perdiéndome cuando esa lengua voraz y adictiva lamió la sangre de mis costados con hambre y locura sintiendo su respiración entrecortada, ambos perdimos el control.

Me besaba como si mañana acabara su vida. Reí entre sus gemidos del puro placer.

El aire no llegaba con facilidad a mis órganos más no permití que aquello acabara tan rápido, me negaba a ser el culpable de matar un momento maravilloso. El mejor de toda mi vida. Y así una ráfaga de visiones incorregibles desfiló delante de mis ojos cerrados... Ya no pude escuchar los sonidos provenientes de él al besarme.

Recordé todo lo vivido a medida que la tierra me consumía diciendo libremente que me sentí pleno y feliz. Por sí solas las lágrimas fluyeron como corcel enardecido despechando una a una las fusiones desmembradas de un altanero martirio. El que yo viví sin poder libremente abrir la caja que los contenía.

“No llores más...” Al separarse dedicó un momento eterno en apartar el agua que se escarchaba al nacer en la superficie de mi rostro entumecido y maltratado. Se mantuvo firme mostrando que le costaba apartarse del calor de mi cuerpo.

“Por favor Yunho... No regreses a ella ni a nadie... Quédate aquí conmigo... Bésame de nuevo...” Quemé su mirada con la mía suplicando entendimiento. “Si no estás dispuesto a hacerte cargo de mis sentimientos me alejaré... No permitiré que sigas destruyéndome...” Le observé en silencio analizando todas las emociones que parecían correr por su rostro, esperando esa respuesta ansiada que aliviaría todos mis males internos pero de un instante a otro sus manos me dejaron y un suspiro quejumbroso salir de sus labios me perforó la moral.

A mi alrededor todo comenzó a moverse con lentitud y elegancia.

“No regreses esta noche Jaejoong... No lo hagas.” Sentenció amarga y escuetamente antes de que todo se fracturara. El era todo lo que los demás decían.

Un bastardo.

No le importaba matarme ni que muriera en la tristeza medieval de mis horas de anhelo, no se haría cargo de nuestros sentimientos y como me dejó claro... Olvidaría todo lo sucedido al estar revolcándose con aquella rubia tal vez sobre mis sabanas con aroma a jazmín y nardo.

Eres demasiado injusto. Muérete...

El entierro de ese joven infeliz llamado Kim Jaejoong se estipularía de entre los purgados; aquella sombra siniestra que sumió en mis ojos tomó posesión de la conciencia al mirarle con un rencor sin precedentes al compás de sus avellanados y brillantes ojos que me observaban tratando de acercarse nuevamente a mi cuerpo. Un empujón gritó en el silencio moviendo las partículas de la helada perturbadora de marzo que con mi emoción destruida y precipitada acompañaron la última lágrima que moría en mi mejilla ardiente.

“No me toques.” Mordió los labios apartando sus ojos. El estaba triste pero no me importó. Era un maldito hijo de puta que no merecía ese perfecto amor incondicional que le profesaba. Me observó marchar sin correr tras esa ultima esperanza que aún guardaba recelosa.

Forcé una sonrisa amarga porque nada mas llegó, la cruda congoja solo me perseguía para mofarse de mis estúpidos sentimientos hacia aquel hombre que quedó en el callejón harapiento donde un beso almizclado selló el principio y el fin de toda mi ruina. Caminé despacio junto con todas esas personas en las calles riéndose de mí, observándome con aquel deje de muerte en el semblante, el alma rota, las ilusiones destrozadas y la funesta desolación de un adolescente lastimado profundamente.

El soplo de la noche golpeó contra mi piel reseca que sufría a través de las lágrimas secas así que decidí volver a los dormitorios que ya no me eran tan apreciados, ya no parecían familiares. Los pasillos largos dibujaban brutalidades a mi paso de avance y aunque traté de leerlas en el fondo sabía lo que decían. Escapa. Huye. Olvidate de él. Toma tus cosas y elije otro camino donde sus huellas no permanezcan gravadas.

El mismo dolor me imploraba dejarle en paz por ultima vez y dentro de mi pecho se refugiaron muchísimas ganas de gritar un sin fin de cosas maquiavelistas.

Sepúltame. Sepúltame.

Al chocar con la puerta correcta observé una nota pegada en ella que pertenecía a aquel chico del cual no recordaba ni siquiera el nombre seguido de un ruido característico proveniente de mi celular. En la pantalla vi su nombre, era Yunho. Y era como si los astros estuvieran marcando el camino correcto. Mi referente.

La vida se pintaba negra así que tal vez y solo tal vez ese color se borraría un poco luego de aquella noche.

O se oscurecería aún más... Pero mis memorias fracturadas solo querían encontrar una forma fácil de olvidarme de él.

Era el momento de dejar de ser un idiota inmaculado.

Vas a Arrepentirte Yunho.






¡Extrañaba tanto escribir! La verdad es que pasaron muchos años y estoy algo oxidada así que sinceramente esperare sus comentarios a ver que les pareció :) 
El fanfic ya lo tengo terminado pero lo publicare en tres partes porque quedo muy largo. En los siguientes dias estaré publicandolo por completo. 
Espero conocer nuevas lectoras que disfruten de mis historias. Hasta luego... 

Mirai